Los cuentos: Un encuentro entre adultos y niños

                    “El arte es una creación por excelencia,                                            es la creación de otra realidad”
                                          Ernesto Sábato

Los cuentos como el juego, forman parte del mundo de los niños. Así como cuando compartimos en muchas ocasiones los juegos propuestos por ellos, asumiendo roles ficticios, que le generan gran satisfacción (que a veces nos asignan y otras les proponemos), la lectura de cuentos lleva a una situación similar. Leer cuentos a niños pequeños produce un encuentro entre grandes y chicos, padres e hijos, y es una experiencia realmente agradable cuando el niño percibe que el disfrute del adulto es proporcional al suyo. En los adultos la lectura de cuentos no solo es satisfactoria porque nos permite encontrarnos con los hijos sino también porque favorecen que tengamos algunos recuerdos de nuestra propia infancia, los que ayudan a la comprensión de las conflictivas de los hijos.
El encuentro en la lectura lleva a que ambos, adulto y niño, se sumerjan en una pequeña historia, en donde también la narración del relato, favorece muchas veces la identificación con los personajes (a través de las voces, las expresiones, las posturas, los gestos) con lo que se le puede dar un tinte de realidad a la fantasía, tal como en el juego se asumen características de los personajes que “se juegan”.
Las palabras, cuando están insertas en un cuento, pueden tener más de un sentido. Por ello existe la posibilidad de que resuenen en cada niño con una significación diferente. Contar historias a los chicos les permite fantasear y crear, teniendo estas dos últimas una raíz común: los deseos y los impulsos. Por lo tanto, posibilitando la creatividad y el fantaseo le tendemos un puente al niño para encauzar sus conflictos y deseos, atemperar sus angustias e insatisfacción. ¿Será por esto que los niños solicitan que se les lea una y otra vez el mismo cuento… además con la necesidad de que no se altere la lectura de los textos?… Parece que el relato transmite algún mensaje importante al lector. Un mensaje que a veces los niños intentan de manera inconsciente transmitir a sus padres sobre determinadas situaciones conflictivas que necesitan resolver. Es evidente que por la insistencia del niño a repetir la lectura, de algún modo el cuento ayuda a encontrarse con esos conflictos de manera no angustiante y le produce una sensación de alivio sobre cuestiones dolorosas. ¿Cuáles son esas cuestiones angustiantes en los pequeños? Podemos dar ejemplos, como el destete, el logro de la marcha, el comienzo del jardín (todas estas cuestiones relacionadas a la separación de la mamá y al crecimiento). Por ello cumplen una función terapéutica.

Cuando se produce el  verdadero encuentro del niño con un cuento es una experiencia sumamente visible. El niño se identifica con los personajes y vivencia la experiencia al modo que un adulto podría hacerlo al ver una buena película o al presenciar una lograda obra de teatro. La ficción y la realidad se fusionan por un momento y es allí en donde se produce el encuentro entre el lector y el oyente.

 Los relatos se convierten en historias que se filtran con sus  fantasías y los personajes son poseedores de sentimientos  que movilizan. Los ojitos  chispean y el mundo externo la conexión con la realidad) y el interno (sentimientos y  sensaciones inconscientes) se confunden. Estas identificaciones con los  personajes llevan al niño en este “como si” (como también sucede en el juego) a disfrutar desgracias y avatares. Goza  sabiendo, por las experiencias repetidas, que hasta las situaciones más adversas pueden tener final feliz y que su deseo sobre el triunfo del  bienestar es posible. ¿Será esa sensación la que buscamos permanentemente? Encontrar personajes protectores, salvadores, que nos guíen encontrando el camino, que sean justicieros, que nos perdonen los malos actos, que nos den otra oportunidad, o que nos alerten y nos enseñen de los peligros, las consecuencias de los malos actos, las desobediencias, el ocio, la ambición desmedida, la envidia y la ira incontrolable… ¡y todo esto de manera no moralizante!, es decir, sin la existencia de “ese dedito” que nos indique (a veces real, otras interno): ¡Qué mal! ¿Qué hiciste? ¿Cómo es eso? ¡Ahora aguantatelas! ¡Qué malo que sos! ¡Qué feo te portás!
El psicólogo infantil Bruno Bettelheim afirma: “que el niño pequeño necesita la  oportunidad de comprenderse a sí mismo en este mundo complejo con el que tiene que aprender a enfrentarse… necesita una educación moral que le transmita, sutilmente, las ventajas de una conducta moral, no a través de los conceptos éticos abstractos, sino mediante lo que parece correcto y (…) lleno de significado”. Este significado el niño lo puede encontrar en los cuentos.                     

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS
BETTELHEIM, BRUNO (1987) “No hay padres perfectos” Barcelona. Grijalbo
BETTELHEIM, BRUNO (1999) Psicoanálisis de los cuentos de Hadas”· Barcelolna. Crítica
CERIONI, MARIELA (2009) “Experiencia sobre cuentos infantiles y psicoanálisis en un jardín maternal” Córdoba
CHIOZZA, LUIS (1970) “Psicoanálisis de los trastornos hepáticos” Biblioteca del Centro de consulta médica
Weizsaecker. Bs. As. 1984
RUR, ANDREA (2009) Los cuentos en la aventura de crecer. Arte y psicoanálisis (Material del curso dictado por Punto
Seguido)
SERRONE, A. NADAL M. TURTURRO, E. MERLO D. (1998) “Los cuentos de terror. Sus efectos en el psiquismo infantil”
Córdoba. Narvaja editor
Información extraída de fuentes varias de internet