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A días del inicio de las clases, se abren las inscripciones a talleres y prácticas deportivas. Especialistas recomiendan no sobrepasar a los niños y que la elección sea una decisión conjunta entre padres e hijos
 
La semana próxima comienzan las clases, y a la par, se abren las inscripciones para el abanico de actividades que realizan los niños después o antes de ir a la escuela. En la ciudad hay propuestas variadas para estudiar idiomas, practicar deportes (fútbol, rugby, ajedrez, vóley, natación, básquet, boxeo, patín, taekwondo, fútbol femenino, bicicross, atletismo, gimnasia artística), realizar talleres de arte, de música y de danza,  entre otras actividades. 

Los clubes y las academias privadas tienen abiertas las inscripciones, en general, desde los 6 años. Las cuotas oscilan entre $ 400 y $ 900 de acuerdo a la actividad. Además, la Municipalidad de Río Cuarto ofrece una serie de propuestas deportivas y culturales gratuitas.

“Realizar actividades extraescolares se vuelve hasta obligatorio, en ciertos casos, porque ha cambiado mucho nuestra época, cómo nos movemos y vivimos. Antes los chicos salían de la escuela e iban a jugar en el barrio con sus amigos. Hoy los chicos no pueden andar en la calle, uno no confía en los vecinos que no conoce, entonces han aparecido este tipo de actividades”, señaló a PUNTAL Mariela Cerioni, licenciada en Psicopedagogía y especialista en Psicoanálisis. 

Otro de los motivos por los cuales se fomenta la participación en cursos   fuera de clases es para alejar a los niños del sedentarismo y la cantidad de horas que pasan frente a la computadora o el televisor. “Ha sido una necesidad de parte de los padres recurrir y buscar algo donde los chicos se puedan mover, hacer actividades saludables, física e intelectualmente”, agregó.

-¿Cuándo se recomienda que los niños comiencen  con actividades extraescolares?

-Uno puede recomendar que el niño haga una actividad, porque es de carácter inhibido, y si se queda en casa no socializa, entonces, se lo recomienda para integrarse socialmente. Los mismos pediatras cuando detectan un problema de carácter o de conducta recomiendan realizar un deporte para que el niño puede hacer una descarga de energía que es buena, es aceptable, lo mismo cuando hay problemas de salud. En la actualidad hay mucha obesidad infantil y los pediatras están muy atentos: cuando los padres van a una consulta, enseguida les preguntan qué tipo de actividades hacen los niños. 

-¿Quiénes deberían elegir las actividades que realiza el niño?

-Debe ser una decisión tomada de manera conjunta entre papás y niños. Porque hay que conocer al niño, ver los gustos, habilidades, aptitudes, porque si uno responde a los deseos u objetivos que tenemos como papás, no tenemos en cuenta qué cosas el niño  puede hacer. Si tiene poca habilidad para correr, mandarlo a hacer fútbol termina siendo traumático, porque no puede ponerse a la par del equpo. Si  tiene tendencia a estar solo y es muy individualista, sería mejor buscar una actividad o un deporte en el que logre estar en equipo, con objetivos comunes y no individualistas. Lo importante es tener en cuenta las características del niño y qué actividades podrían estar acorde a él. Hay que escuchar a nuestros hijos y ver sus gustos, porque, si no, terminamos haciendo una cuestión narcisista, que sean como nosotros queremos y después aparecen los conflictos.

-¿Cómo determinar cuánto es saludable?

-Hay veces que se sobrepasa de actividades. Tienen las del colegio, suman las extraescolares y son muchas: como padres queremos que vayan a inglés, a deporte, que realicen alguna disciplina artística, entonces los chicos se entusiasman y terminan sobrepasados. Hay que poner un límite, sobre todo porque muchas actividades terminan siendo competitivas, lo cual implica horarios extra de entrenamiento o dedicación. Entonces tienen que ir más horas, empiezan a viajar, los sábados no están en casa. Y no lo hacen por obligación sino porque genera entusiasmo, porque los chicos quieren estar. Hasta los padres terminamos muy cansados de tener que acompañarlos, más las tareas de la escuela. Es un exceso y como papá es difícil establecer un límite. Pero no existe una norma general: hay que evaluar cada caso y decir: “Hasta acá, esto sí, esto no” y decidir qué les está haciendo bien al niño y a la familia.

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