LA PSICOTERAPIA ONLINE EN LA PANDEMIA

La psicoterapia online es una modalidad de atención que lleva algunos años poniéndose en práctica. La palabra hablada, entramada en la asociación libre, portadora de la historia,  las emociones, las angustias, las preocupaciones, los proyectos del paciente, es pilar en la técnica del tratamiento psicoanalítico de adultos, jóvenes y adolescentes. El terapeuta, en la escucha de esas palabras,  con su conocimiento y el encuadre establecido, devuelve la suya, la que se orienta a las resignificaciones y ayuda a aliviar el sufrimiento de su paciente.

Al ser la palabra el centro del análisis en los tratamientos psicoanalíticos, se consideró  que los mismos podían ser posibles a través de medios de comunicación, no presencial.

La psicoterapia online  facilita el encuentro entre el profesional y el paciente en casos en los que en el lugar de residencia no haya terapeutas o que el paciente se haya mudado de lugar de residencia y desee continuar el proceso terapéutico con el profesional que lo atiende; o para personas que residen en el extranjero y necesitan para realizar un proceso psicoterapéutico, un analista que se comunique en su lengua materna y que comprenda sus costumbres, forma de actuar y pensar. También ha facilitado los procesos psicoterapéuticos a  personas que se enfrentan a alguna enfermedad y no pueden salir de su domicilio o a las que presentan obstáculos  para desplazarse. A veces estas limitaciones están dadas por la distancia y el consecuente  tiempo que lleva trasladarse hasta el consultorio del terapeuta,  y los  horarios  estrictos en el trabajo u ocupación del paciente. Algunas personas que viven en localidades muy pequeñas, también optan y prefieren realizar tratamientos terapéuticos con profesionales con los que puedan  mantener distancia, ya que la cotidianidad del encuentro o el conocimiento que se puede dar en otros espacios con el terapeuta local (como puede ocurrir  en la escuela de los hijos, los lugares de recreación o contactos con amistades en común), suelen influir en la relación terapéutica.

Hoy transitamos otro camino que imposibilita que los pacientes puedan llegar al domicilio de su terapeuta; a su consultorio, lugar preestablecido de encuentros;  ese ambiente que genera una atmósfera apropiada para realizar las sesiones. Nos afecta este “monstruo” denominado COVID-19, que nos ha invadido, alejado, distanciado a todos, siendo por el momento, este aislamiento, la única forma de evitarlo.

Dadas estas circunstancias, los tratamientos psicoterapéuticos online se multiplicaron como el virus. ¡En buena hora! ya que los mismos se aceleraron para seguir acompañando a los pacientes, que pudieron seguir, en este momento en el que todos nos angustiamos, con sus respectivas terapias. Y otros requieren comenzar algún proceso de acompañamiento psicoterapéutico, porque la situación está desbordando y haciendo síntomas emocionales en muchas personas.

Las redes virtuales con sus diversas aplicaciones, son los recursos más que útiles, que nos está acercando, comunicando, reuniendo. Las múltiples profesiones, aprovechando las virtudes de internet,  extendieron sus servicios desde las variadas plataformas online: Whatsapp, Skype,  Zoom, Google classroom, Instagram, Facebook Messenger, Telegram y otras, propias de cada sistema educativo, por ejemplo.

Psicoterapeutas, políticos, médicos, maestros, profesores, contadores, abogados, periodistas, comunicadores y muchas otros trabajadores,  hemos recurrido (en mi caso más de lo habitual) a brindar el servicio vía online. En pocos días, después de habernos quedado aislados, niños, adolescentes y adultos empezaron a recibir tareas para no atrasarse en el aprendizaje, encuentros de grupos de estudio, supervisiones, clases de inglés, de baile, de canto, de guitarra, de gimnasia, de entrenamiento, de yoga, de fitness, de cocina, de escritura literaria, de tratamientos de belleza, etc… etc… 


Nadie se ha quedado afuera. Todos nos movemos en las rutas que nos ofrece internet, el que, debido al gran tráfico, a veces está enlentecido.  Pero en esta carretera, cada uno va encontrando los caminos, los desvíos convenientes, acelerando o con el velocímetro en veinte, pero la gran mayoría nos estamos conduciendo al fin, a veces sintiéndonos atiborrados de todo lo que recibimos en nuestros celulares y por los diferentes medios.

LA PANDEMIA, LA CUARENTENA Y LA IMPORTANCIA DE LLEGAR A LA CASA DE CADA PACIENTE. Mi experiencia

Los pacientes necesitan contar lo mucho que se debe procesar y lo “solos” que se encuentran, aún en compañía de la familia. Y allí se inserta el terapeuta, acompañando a sobrellevar los conflictos de siempre, más los que surgen transitando  la cuarentena.

Una de las cuestiones que preocupa es cómo están viviendo adolescentes y niños, el no poder asistir a la escuela. Lo que les preocupa es que desde su función de estudiantes están intentando desde sus hogares, hacer un proceso de aprendizaje que siempre fue realizado presencial y guiado por sus docentes. Los padres intentan acompañarlos, pero los maestros o profesores no pueden ser sustituidos, ya que el proceso de enseñanza-aprendizaje consiste no solamente en impartir conocimiento, sino que se construye en un vínculo significativo, condición indispensable para  metabolizarlo, hacerlo propio. A propósito de esto, escucho comentarios de las dificultades que se les presentan a algunos papás envueltos en este rol: angustias por no saber explicar materias específicas, temores por ver a sus hijos incapaces de aprender, enojos por observar los inconvenientes. Estas cuestiones, escucho, generan en algunos casos,  calificaciones, evaluaciones o apreciaciones negativas de parte de los padres, los que no están pudiendo contextualizar lo difícil que  es para los niños aprender en esta situación, tan extraña y atípica. Y en el medio están ellos como protagonistas: niños o adolescentes atareados y muy ocupados por cumplir con los trabajos prácticos que  llegan online de lunes a viernes o desbordados por la cantidad de deberes que deben ser resueltos y  enviados a tiempo, en la fecha estipulada de entrega. Del otro lado están los pacientes docentes, que se presentan agobiados por la cantidad de trabajos por corregir y las tareas que deben preparar, e intentan de la manera que pueden, acompañar a sus alumnos.

Llegar con la sesión online a la casa de los pacientes que están solos, es un acontecimiento significativo, tanto para el paciente como para el terapeuta. Son personas que viven solas y que han preferido quedarse en sus hogares, pensando que el participar de las rutinas familiares de sus hijos y nietos, por ejemplo, puede perturbarlos más que la soledad. Es un momento para escuchar sus necesidades, orientarlos y también de supervisar cómo se encuentran en general, velando por su bienestar.

Los pacientes niños también esperan el momento del encuentro virtual terapéutico, poder compartir lo que están viviendo desde sus casas, escuchar cuentos, inventar juegos. Por su parte los papás, que también pueden participar de las sesiones, esperan la compañía que necesitan en este momento, contar si hubo retrocesos o avances con respecto a las conflictivas de sus hijos. Desean que los orienten y contengan.

Además son tiempos de atender y tener disposición a nuevas consultas. Los conflictos cotidianos se acentúan. Han cambiado nuestros horarios y ocupaciones; muchas personas no están pudiendo concurrir a sus trabajos y en los vínculos con familiares, hijos, parejas, hermanos, pueden resentirse.  Todos sabemos que las formas de resolución con las que contamos hoy, se encuentran limitadas. De ahí la importancia de las intervenciones que están realizando muchos  terapeutas en este tiempo de emergencias, cuestión en la que tomado la iniciativa de sumarme.

LA PSICOTERAPIA DE NIÑOS EN TIEMPO DE CUARENTENA

Los conflictos psíquicos no quedan en cuarentena en ninguna etapa de la vida. Muchos niños estaban realizando, al momento de declararse los riesgos de la pandemia y al prohibirnos el contacto, sus tratamientos por múltiples síntomas o manifestaciones: problemas de conducta, dificultades para relacionarse, inhibiciones, conflictos familiares, enuresis o encopresis, problemas de aprendizaje, dispersión, temores, miedos, fobias, duelos por separaciones de sus padres o muerte de seres significativos, dificultades en el sueño o la alimentación,  síntomas relacionados con el desarrollo evolutivo o el crecimiento,  entre tantas otras cuestiones por los cuales los padres recurren a las consultas.

¿Cómo continuar el tratamiento psicoterapéutico de un niño? ¿Vía online? ¿Cómo hacer cuando el juego es la técnica que permite el análisis en los tratamientos con niños? Es el momento de experimentar lo que podemos hacer con los niños en un encuentro virtual, valorar la palabra hablada, con la que se dialoga en los juegos, se narra en los cuentos, se realizan relatos de la vida cotidiana o comentarios sobre lo que duele, alegra o importa.

Los niños conocen la finalidad del encuentro psicoterapéutico, por ello saben que este es un espacio para contar preocupaciones, escuchar y agregar detalles a los señalamientos e interpretaciones de su terapeuta, que han tocado sus afectos, ya sea asintiendo o negando.

Considero, como analista de niños, que estamos transitando un gran desafío, del que día a día se puede aprender. Atenta y curiosa, no puedo dejar de sentirme sorprendida, en el buen sentido de la palabra. 

ATENCIÓN ONLINE CON NIÑOS

CONTANDO MI EXPERIENCIA

Establecido nuestro horario de encuentro para la sesión virtual, los papás preparan a los niños, los que esperan la conexión; algunos piden a los padres estar solos conmigo, se preparan dejando cerca algún juego, cuento u objeto que quieren mostrar.

Los niños han nacido con la tecnología y  la tienen a disposición de sus manos. Saben bien cómo usarla. Así que, desde este lugar, me autorizan a  entrar en su espacio de la casa;  me piden que les narre un cuento o me muestran sus libros de cuentos o inventamos juegos posibles a la distancia.  Los padres acompañan y participan, como en una sesión vincular; a veces más pasivos, observan o escuchan, otras más activos,  participan en lo que va surgiendo.

Los niños más grandes necesitan contar cómo están viviendo el encierro, la organización que están pudiendo tener con las entregas de las tareas escolares; algunos desean resaltar lo que pueden hacer solos, y mostrar su preocupación sobre aquello que requieren ayuda. Desean compartir la tarea que hicieron para la materia de plástica. Comentan la situación familiar: si están pudiendo encontrarse  o no con su papá, los que no conviven con él, y cómo se sienten al respecto. Es importante ayudarlos a pensar en cómo relacionarse y no perder el tipo de relación que los deja tranquilos. También compartir diálogos en los que cuentan qué entienden por el virus y lo que puede ocasionar. La muerte les asusta, temen por ellos y sus seres queridos. Por otro lado, muchos pequeños extrañan sus paseos, las salidas a la placita, a andar en bici, el encuentro con sus compañeros y amigos.

Los padres también, necesitan contar cómo están viviendo esta situación, cómo van los síntomas por los que consultaron, si hubo retrocesos, avances; si están trabajando y cuánto les preocupa estar en las zonas en las que puede haber contagio; si no están trabajando, necesitan compartir la angustia y el temor de que  esto continúe y no disponer del ingreso económico con el que contaban antes de la cuarentena.

Es importante reconocer que esto está dependiendo de algunos factores:

. En primer lugar, la predisposición y confianza de los padres para que el encuentro sea posible. Sin su participación activa no hay tratamiento con niños.

. La disposición de los pequeños. El interés por continuar el vínculo, el reconocimiento de la función.

. De mi parte, el entusiasmo y necesidad de encontrarme con los pequeños, para poder continuar con la función terapéutica.

EL VALOR TERAPÉUTICO DE UN CUENTO…

 “Los cuentos infantiles encierran un tesoro de riquezas para explotar desde el ámbito de la educación y la salud. Hadas, príncipes y princesas, brujas, lobos, ogros, dragones, héroes, villanos… personajes reales y del mundo de la fantasía nos brindan un puente para llegar a los sentimientos de los chicos[i].

Un paciente pequeño escucha atento un cuento a través de la videollamada. ¿Cuál te gustaría que te cuente? -pregunto. 

“Los tres chanchitos” -confirma sin dudarlo.

De manera espontánea, exclusiva y a través de mi imagen y voz, la narración viaja hacia el teléfono móvil de sus papás.

El cuento clásico, es de conocimiento popular. Un lobo acecha a tres indefensos cerditos, que lejos de los cuidados de su mamá y en el medio del bosque, están aprendiendo a vivir entre responsabilidades y placeres. Tres modalidades de protegerse diferente, cada uno construye, a su juicio, la casa que cree más conveniente. El lobo ataca y destruye con un soplido las endebles casas de paja y  de madera y los dos hermanos escapan a las corridas del feroz animal, hasta protegerse en la casa del tercero, el que ha construido una casa muy fuerte e impenetrable. Los recursos destructivos que el lobo utiliza son en vano. La astucia del mismo, de entrar por la chimenea del hogar, también es burlada por los cerditos con la olla de agua hirviendo. Al fin, el lobo desiste y no aparece más por el lugar. Los pequeños han triunfado.

Pienso y resignifico. Comprendo. El niño no ha solicitado en nuestro encuentro online este cuento por azar (cuestión que siempre es así) en los tiempos que estamos viviendo. El lobo y su ferocidad que está afuera, como el “coronavirus” y con un soplido-aliento que lo conduce, ataca. El afuera es peligroso y debemos protegernos en nuestras casas. Este “bicho” -en palabras de mis pequeños pacientes- acecha afuera y ataca si estás afuera. Mientras más desprotegidos, más expuestos. Con alivio, y facilitado por el argumento, el niño encuentro el final esperado y feliz: la historia asegura que se puede defender y escapar de los que nos persigue, encontrar una solución satisfactoria a la situación inevitable que se vive. Proporciona seguridad y esperanza. Sólo hay que quedarse en casa.

Bruno Bettelheim[ii] afirma: el cuento ofrece al niño materiales de fantasía que, de forma simbólica, le indican cuál es la batalla que debe librar para alcanzar el resultado deseado y encontrar un final feliz.

La gratificación del niño es evidente y no es sólo por haber escuchado el cuento. El mismo le ha acercado, a través del mundo simbólico, el mensaje que el niño necesita escuchar en este momento.

[i] Cerioni, M. (2013) “El valor terapéutico de los cuentos infantiles”
[ii] Bettelheim, B. (1975) “Psicoanálisis de los cuentos de hadas” Ed. Crítica. España.